En "el Sur del Sur", la Patagonia. Desde el Río Colorado (36° Sur) hasta el sur de Tierra del Fuego, se extiende esta inmensa región, cuyo horizonte sin fin cautiva al viajero y lo invita a perderse en su paisaje, desde la estepa a las altas cumbres.

La geografía de las costas patagónicas es muy rica en bahías, golfos, cabos, que a su vez cobijan largas playas de arena, formaciones rocosas, y escarpados acantilados. Grandes poblaciones de aves marinas (cormoranes, gaviotines, pingüinos, petreles, albatros), conviven junto a colonias de lobos y elefantes marinos, y a diversas especies de cetáceos, como la ballena franca austral, la orca y la tonina overa. El color del mar, la belleza de sus costas y la increíble riqueza de su fauna marina se conjugan de esta manera en un impactante espectáculo natural.
Desde la costa Atlántica, se extiende la estepa, una planicie árida que a los sentidos se torna infinita, cubierta por un gran manto de cantos rodados y salpicada por enormes mesetas que de tanto en tanto quiebran la aparente monotonía del paisaje. Sus arbustos y matorrales albergan una rica fauna. Si bien a primera vista se destacan guanacos y ñandúes, al prestar mayor atención es posible admirar otras especies autóctonas, como la mara, el águila mora, el macá tobiano, armadillos, zorros grises y colorados, y una gran variedad de anfibios, reptiles e invertebrados. Esta tierra es escenario también de grandes hallazgos paleontológicos que nos hablan de un pasado fascinante habitado por numerosas especies de dinosaurios.
Hacia al oeste, el territorio se eleva en dirección a la cordillera de los Andes, las lluvias se vuelven frecuentes y el paisaje se torna más verde. Aparecen los bosques y mallines que se conjugan con lagos, montañas y glaciares en un espectáculo de belleza incomparable. Entre los abundantes bosques de lenga, ñire y coihue (todas especies del género Nothofagus) se intercalan ocasionalmente áreas de selva valdiviana, el único bosque templado lluvioso de América del Sur. También se destacan especies arbóreas como la araucaria, el ciprés de la cordillera, el alerce y el arrayán. En cuanto a la fauna, la cordillera patagónica está habitada, entre otras especies, por pumas, gatos monteses, huillines, huemules, pudúes, diversas familias de roedores, anfibios, reptiles e invertebrados, y aves como el pato de los torrentes, el chucao, el cauquén, el pájaro carpintero patagónico y el majestuoso centinela de los Andes, el cóndor.

Tanto los bosques patagónicos como la estepa han sido considerados por el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund) como eco-regiones "sobresalientes" y "de máxima prioridad" para la conservación de la biodiversidad del planeta. Además, en la región existen áreas protegidas de gran importancia, como los extensos parques nacionales Los Glaciares, Los Alerces, Lanín, Nahuel Huapi, y Tierra del Fuego.
A lo largo de la historia, la Patagonia ha sido testigo del desarrollo de diversas culturas indígenas cuyas primeras manifestaciones se remontan a no menos de diez mil años atrás. Desde la llegada del primer hombre blanco a principios del siglo XVI, esta región atrajo a pioneros, viajeros y naturalistas como Alcide D'Orbigny, Charles Darwin, George Chaworth Musters, Luis Piedra Buena, Ramón Lista, Carlos María Moyano, Francisco Pascasio Moreno, Guillermo Enrique Hudson, quienes nos dejaron estudios e historias apasionantes.